lunes, 11 de agosto de 2014

Sentimientos de Dachau - Macarena Costantini

Recuerdo el día en que allanamos su hogar. Ella permanecía escondida detrás de un armario, sentí su miedo; temblaba, estaba asustada, su mirada era vacía. La agarre de los brazos con violencia, se ahogo en un llanto desesperado. Hizo un grito de injusticia ajena, pero de un cachetazo le tuve que dar vuelta la cara, tape toda su cabeza con una manta y la metí en el camión verde. Debo confesar que estoy acostumbrado a tratar así los judíos, pero nunca había sentido lo que sentí por Anna Brulovsky en ese momento. Pena y amor, odio y rencor. Disfruto de la tortura día a día; amo matar gente con armas, me excito violando mujeres para sentirme más fuerte. Veo el dolor, el trabajo y el sufrimiento ajeno para realmente confirmar que soy una raza superior. Pero al momento en que Anna llega a la sala de tortura, me siento frágil y vacio por dentro. ¿Por qué con ella siento cosas diferentes al resto de las ratas inmundas que hay en este lugar? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a ella? Miles de preguntas se cruzan en mi mente pero tengo que seguir adelante, tengo que verla sufrir. Es una orden. Las tropas enemigas avanzan. Todo se está saliendo de control. El jefe quiere a todos muertos. Me siento y muevo el pie rápidamente en sentido de ansiedad. Aprieto los dientes con bronca, respiro entrecortado y dejo caer lágrimas por mis mejillas, hoy, diez de junio, la tengo que matar. Veo al grupo entrar a la sala. Reconozco su mirada llena de temor y miles de cosas pasan por mi macabra mente. Los sentimientos son totalmente diferentes; en mi existe una mezcla de amor y compasión. En ella solo existe el odio. Es el momento. Me dan una orden concreta: “Mátala. Pero antes, hacela sufrir” Anna me mira entregándose a la muerte, comienzo a violarla violentamente y en lo más profundo de mi alma le estoy haciendo el amor. Mis compañeros me apuran, en un abrir y cerrar de ojos estamos enfrentados, tengo que disparar. ¿Por qué a mí? ¿Por qué a ella? No soporto este calvario, el amor ha vencido al odio. Jalo el gatillo. A diez años de mi liberación camino por el lugar donde sucedió todo. Encuentro este escrito. Se me eriza el vello y me siento apenas mareada. Anna Brulovsky soy yo.

1 comentario:

  1. Macarena: la idea de narrar desde la conciencia de semejante ser, me sorprende porque no es una elección fácil y no la esperaba. Esta sacudida me parece una buena manera de atraer al lector, por esto no entiendo la inclusión de la última oración o segundo final que resulta innecesario e inverosímil: no es creíble que encuentre el escrito; menos que el torturador escriba. En su discurrir no hay marcas de escritura ni de intento de preservar o testimoniar su experiencia para que otros la lean. ¿Te parece creíble que escribiera, con qué intencionalidad?
    Podría ser un cuento excelente si le dedicaras tiempo, reflexión y un manejo literario de la anécdota y el discurso.
    Perdés de vista la construcción de una época y la fecha de entrega.
    Rever construcción de algunas oraciones, preposiciones, tiempos verbales.
    Nota: 4

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