Mis padres militaban en Montoneros. Ella era María,
tenía veinte años. El se llamaba Pedro, cumplía veintitrés el día que se los
llevaron. Yo tenía solo cinco años.
De mi corta vida con ellos no me quedo mucho. Recuerdo
como mi mamá me cantaba en las noches,
como mi papá me lanzaba hacía arriba para luego agarrarme y abrazarme
fuerte. Recuerdo la sonrisa de ella, enorme y perfecta. La risa de él, fuerte y
alta, llena de vida. Me acuerdo del día en que me dijeron que iba a tener un
hermanito, yo estaba muy feliz, quería tener un hermano. Pero por culpa de
ellos no pude.
Estábamos en casa, los tres, festejando el cumpleaños de
mi papá. Mi mama le había hecho una torta y yo la había ayudado. Ella se
acariciaba mucho la panza en esos momentos, faltaba poco para que naciera.
Entraron rompiendo la puerta, gritándonos; después
aparecí en la casa de mi abuela. De lo que paso en el medio no me acuerdo nada.
Hoy es el peor día del año para mí. Hoy, 27 de Junio, es
el cumpleaños de mi papá. Es el aniversario número treinta del día en el que yo
perdí a mi familia, del día en que lo perdí todo.
Pero este año es distinto, la fecha ya no es lo
primordial hoy. Voy a encontrarme con mi hermano. Ya se hizo el ADN, ya dio
positivo, ya lo acepto, ya es mi hermano. Es el primer día que nos vemos fuera
del ámbito burocrático, como familia. Nuestro primer encuentro verdadero diría
yo.
Me pongo linda, quiero que me vea bien, quiero que se
alegre de que yo sea su hermana. Me tomo el bondi, cuento las paradas. Estoy muy
nerviosa. Bajo del colectivo, camino hacia el café en el que acordamos
encontrarnos. Entro y lo veo sentado, mirando por la ventana.
-Hola ¿Cómo estás?- Cuando levanta la cabeza y me ve. Al
principio estaba serio, pensativo. Luego eso da paso a una gran sonrisa. El
corazón se me para un instante, nunca lo había visto sonreír. Tiene la misma
sonrisa que ella. Eso me duele, pero a la vez me gusta.
Él me saludo, hicimos nuestro pedido. Mientras
esperábamos hablamos de cosas triviales. Como había sido mi semana, como estaba
su mujer, como le estaba yendo estudiando para ser abogado, como me estaba
yendo a mí con mi carrera de psicóloga, que raro estaba el clima, entre otros.
Llego el café. Reino el silencio por unos minutos, hasta
que lo rompió.
- ¿Cómo eran?- Levante la mirada y lo que vi en sus ojos
me sorprende, pero lo entiendo. Dolor, angustia, desesperación.
- Es difícil describírtelos, no me acuerdo mucho. Para
mi eran perfectos, pero yo era una nena, la perfección en mi mundo estaba
representada por ellos. Te puedo decir que cuando ella sonreía el mundo
brillaba diferente; que cuando él te abrazaba, lo demás dejaba de asustar. Pero
después no sé.
Volvimos a estar callados un rato, el volvió a romper el
silencio.
- ¿Sabes que es lo que más me duele? Perdí una familia
de mentira para encontrarme con una familia que no está. Solo te tengo a vos
ahora.- Intente mirarlo a los ojos, pero él estaba mirando su café.
- Pero ellos si están. Están en vos, en mí, en nuestros
abuelos. Están en todos los que no olvidan. Yo te entien…
- No lo digas, no digas que me entendés. No me pueden
entender, vos no viviste toda tu vida en una mentira, para enterarte de ella
veintisiete años tarde. No te das una idea del dolor que siento.
- Vos no te atrevas a decir que no tengo ni idea del
dolor que sentís. Puede que no sintamos el mismo dolor, pero la magnitud es
idéntica. No sos el único que sufre acá, yo perdí a mi familia de un día para
el otro. Vos sos lo más fuerte y nítido que me queda de ellos.- Una lagrima cae
por mi mejilla, borro su rastro rápidamente.
Clavó sus ojos en los míos y los dejo ahí por un rato.
Me duele que piense así.
- -- Tenes
razón, discúlpame. Es que a veces esta situación me sobre pasa. Cuanto más pasa
el tiempo más difícil es. Pensar que ahora soy más grande de lo que ellos
fueron también es complicado. Quiero hablar con ellos para saber que pensaban;
si me querían. Mi apropiador nunca fue como un padre; mi papá biológico
probablemente no me conoció ¿Cómo puedo vivir yo sabiendo que alguien por jugar
a ser dios me saco la posibilidad de una vida normal?- Es una persona fuerte,
eso se nota.
Mire mi café, el cual
seguía intacto ¿Qué responder a eso?
Nada, absolutamente nada.
Me pare, él se paró y nos
abrazamos. Y ese abrazo dijo todo.
Luna: si bien la historia corre por carriles conocidos y no sorprende, conmueve el modo de narrar, ciertos detalles, la ternura de tu mirada y de tu voz que le imprimen tu estilo y la hacen tuya. El desafío será que vayas incorporando recursos y nuevos modos y modelos de escritura; abandonar el lugar conocido y arriesgarte a experimentar con lo que vamos -espero- aprendiendo.
ResponderEliminarRever puntuación, párrafos, repeticiones.
Nota: 7