Buscando a Jade
Ella estaba sentada al borde, sus piernas colgaban, su pelo volaba con el viento. Había llevado su libro "Buscando a Alaska" de John Green, lo llevaba siempre consigo pero solo lo leía una hora cada día. Salía del trabajo, caminaba siete cuadras hacia la izquierda y doblaba en un pequeño callejón, subía la escalera de incendios y allí llegaba.
Era algo tan simple como una terraza, pero tan hermoso a la vez. Desde allí se veía todo el parque, el viento soplaba más fresco, y el olor a café de la cafetería unos pisos más abajo se sentía tan puro y suave como el perfume más hermoso. Le gustaba mirar a la gente pasar por las calles, tan pequeños e insignificantes como hormiguitas. Aquellos desconocidos no tenían el honor de presenciar un acto tan hermoso como el de leer en aquella terraza. Tomó su vaso de café, le agregó un sobre de azúcar y lo revolvió. Se lo acercó hasta unos centímetros cerca de la nariz y sintió su aroma fuerte y delicioso junto con su reconfortante calor.
Abrió el libro y pasó las páginas una a una, sintió su textura y su olor. No conocía nada en el mundo tan hermoso como un libro. Comenzó a leer.
La historia era sobre un chico, Miles, que dejaba la casa de sus padres y se iba a la universidad, en la búsqueda de un "Gran Quizás". Quería un poco de emoción en su vida, conocer gente nueva, explorar nuevas cosas.
Todo eso significaba poco y nada para Jade. Su vida no podía ser más rutinaria.
Miles llegaba a la universidad y conocía a Chip, su nuevo mejor amigo, y a Alaska, aquella a quien adoraba como a nada, y por quien dejaría todo.
Jade nunca había sentido nada parecido por nadie. Desde los tres años había vivido con su abuela y cuando esta murió, la felicidad de Jade también lo hizo.
Al momento de la muerte de su abuela, la soledad la había invadido, pensó que sería apropiado llamar a alguien, encontrar a alguien con quien llorar, pero la única persona con la que quería hablar de la muerte de su abuela había muerto ya años atrás. Recordó que se encontraba en la sala velatoria, se había despedido y al voltearse se había encontrado con muchas caras tristes a su lado, y al no reconocer ninguna, supo que estaba sola.
Alaska estaba llena de sorpresas, era impredecible e increíble, y eso a Miles le encantaba, amaba todo sobre ella, su pelo, sus ojos, su risa, sus uñas pintadas azules y la forma en la que se apasionaba por los libros. Tenía una colección de libros que leer antes de morir.
Jade había comenzado a coleccionar libros por Alaska, a pintar sus uñas azules, por Alaska, a fumar, por Alaska. Imitarla era su nuevo hobby y motivación. No necesitaba ir en busca de un Gran Quizás si tenía a Alaska.
El talento de Miles era recordar las ultimas palabras de famosos. Se obsesionaba con ellas, tenía sus preferidas y siempre desea conocer más.
Ya había pasado media hora desde que había llegado a la terraza, pero claro, su teléfono no había sonado, nadie en el trabajo notaría que había salido antes, nadie notaba siquiera cuando llegaba. Podría desaparecer semanas, meses, ¡incluso años! y nadie lo notaría, y esa idea le apasionaba. El poder desaparecer sin preocupación alguna, el irse y dejar todo, pero no, Jade no era así, no era de tomar decisiones impulsivas, nunca haría tal cosa, si había algo de lo que estaba segura era que no podía permitirse mas de una hora de felicidad por día en su aburrida vida.
Veinte páginas antes del final, la historia dio un vuelco.
Alaska estaba en el cuarto de Chip y Miles cuando salió corriendo, se subió a su auto y se fue. Al día siguiente cuando sus amigos notaron su ausencia creyeron que era solo Alaska siendo Alaska, impredecible y llena de sorpresas como siempre.
El corazón de Jade dio un vuelco, tenía la leve sospecha de que algo más había pasado en la historia, algo que aún no se sabía.
El director había convocado una reunión con los alumnos para hablar de un suceso que afectaba a una alumna en particular.
No, no, no, no podía seguir leyendo, era demasiado. ¡Pero tampoco podía dejar de leer!
Alaska Young se vio involucrada en un accidente automovilístico el día de ayer y...
Leyó cinco páginas más y ya no pudo seguir. Sintió que las costillas le comprimían el corazón, que le faltaba el aire.
Lo había hecho, la había dejado, sola, sola otra vez. No podía ir a buscar su Gran Quizás, ¡no tenía oportunidad!
Alaska no podría seguir pintando sus uñas de azul, no podría seguir fumando tabaco como una maquina, nunca podría... nunca podría terminar de leer su colección de libros.
Y si Alaska no terminaba con su colección... ella tampoco lo haría.
Y saltó
La historia era sobre un chico, Miles, que dejaba la casa de sus padres y se iba a la universidad, en la búsqueda de un "Gran Quizás". Quería un poco de emoción en su vida, conocer gente nueva, explorar nuevas cosas.
Todo eso significaba poco y nada para Jade. Su vida no podía ser más rutinaria.
Miles llegaba a la universidad y conocía a Chip, su nuevo mejor amigo, y a Alaska, aquella a quien adoraba como a nada, y por quien dejaría todo.
Jade nunca había sentido nada parecido por nadie. Desde los tres años había vivido con su abuela y cuando esta murió, la felicidad de Jade también lo hizo.
Al momento de la muerte de su abuela, la soledad la había invadido, pensó que sería apropiado llamar a alguien, encontrar a alguien con quien llorar, pero la única persona con la que quería hablar de la muerte de su abuela había muerto ya años atrás. Recordó que se encontraba en la sala velatoria, se había despedido y al voltearse se había encontrado con muchas caras tristes a su lado, y al no reconocer ninguna, supo que estaba sola.
Alaska estaba llena de sorpresas, era impredecible e increíble, y eso a Miles le encantaba, amaba todo sobre ella, su pelo, sus ojos, su risa, sus uñas pintadas azules y la forma en la que se apasionaba por los libros. Tenía una colección de libros que leer antes de morir.
Jade había comenzado a coleccionar libros por Alaska, a pintar sus uñas azules, por Alaska, a fumar, por Alaska. Imitarla era su nuevo hobby y motivación. No necesitaba ir en busca de un Gran Quizás si tenía a Alaska.
El talento de Miles era recordar las ultimas palabras de famosos. Se obsesionaba con ellas, tenía sus preferidas y siempre desea conocer más.
Ya había pasado media hora desde que había llegado a la terraza, pero claro, su teléfono no había sonado, nadie en el trabajo notaría que había salido antes, nadie notaba siquiera cuando llegaba. Podría desaparecer semanas, meses, ¡incluso años! y nadie lo notaría, y esa idea le apasionaba. El poder desaparecer sin preocupación alguna, el irse y dejar todo, pero no, Jade no era así, no era de tomar decisiones impulsivas, nunca haría tal cosa, si había algo de lo que estaba segura era que no podía permitirse mas de una hora de felicidad por día en su aburrida vida.
Veinte páginas antes del final, la historia dio un vuelco.
Alaska estaba en el cuarto de Chip y Miles cuando salió corriendo, se subió a su auto y se fue. Al día siguiente cuando sus amigos notaron su ausencia creyeron que era solo Alaska siendo Alaska, impredecible y llena de sorpresas como siempre.
El corazón de Jade dio un vuelco, tenía la leve sospecha de que algo más había pasado en la historia, algo que aún no se sabía.
El director había convocado una reunión con los alumnos para hablar de un suceso que afectaba a una alumna en particular.
No, no, no, no podía seguir leyendo, era demasiado. ¡Pero tampoco podía dejar de leer!
Alaska Young se vio involucrada en un accidente automovilístico el día de ayer y...
Leyó cinco páginas más y ya no pudo seguir. Sintió que las costillas le comprimían el corazón, que le faltaba el aire.
Lo había hecho, la había dejado, sola, sola otra vez. No podía ir a buscar su Gran Quizás, ¡no tenía oportunidad!
Alaska no podría seguir pintando sus uñas de azul, no podría seguir fumando tabaco como una maquina, nunca podría... nunca podría terminar de leer su colección de libros.
Y si Alaska no terminaba con su colección... ella tampoco lo haría.
Y saltó
Aurelia: das vida a un personaje conmovedor y atractivo, construido con sensibilidad y cuidado. El relato ganaría en intensidad si lográs encontrar un tono y un discurso que eviten decir lo que sucedió o sucede y hacen que los hechos sucedan. Repensar qué hace que el "cómo" se cuenta sea tan importante como la historia contada. El desafío será atreverse a experimentar y jugar con el lenguaje, visitar lugares nuevos, inventar saltos que sean tan poderosos como el de Jade pero que alcen vuelo, porqué no.
ResponderEliminarRever uso de puntuación, construcción de párrafos y tildes.
Nota: 8