La víctima
Era un
viernes a la noche y como siempre, no tenía pensado salir. Acurrucado, tapado con su acolchado, comida
por todas partes. Roberto no podía entender a la gente que disfrutaba salir. Esperar
el colectivo, transitar calles oscuras, ir a bailar, detestaba ser víctima.
Pero lo peor de todo, eran esos individuos racistas, que en la entrada de la discoteca se
encargan de seleccionar quién entra y quién no, en su cómodo rol de victimarios.
Estaba cansado pero no podía dormirse. Había leído todos los libros de su biblioteca y
no sabía qué hacer. De pronto, tirado, debajo de la alfombra, ve que se asoma
un libro, uno cuya tapa le era desconocida. Lo levanta para ojearlo y lo
desempolva. Por suerte, nunca había tenido la oportunidad de leer “La
Metamorfosis” de Kafka, así que comenzó. Cuando se dio cuenta, eran las cuatro
de la mañana y no lo había terminado aún. No podía parar, la sensación de un
vacío lo carcomía por dentro. Al fin, logró su cometido y lentamente cerro el
libro. Afortunadamente, la mesita de luz estaba a mano, apoyo con cuidado el
libro y agarro una hoja y una lapicera. Poco a poco, comenzaba el amanecer, de
todas formas, si algo realmente no me apremiaba, era el tiempo.
Long, Ramiro
Long, Ramiro
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