lunes, 7 de abril de 2014

La víctima
Era un viernes a la noche y como siempre, no tenía pensado salir.  Acurrucado, tapado con su acolchado, comida por todas partes. Roberto no podía entender a la gente que disfrutaba salir. Esperar el colectivo, transitar calles oscuras, ir a bailar, detestaba ser víctima. Pero lo peor de todo, eran esos individuos racistas, que en la entrada de la discoteca se encargan de seleccionar quién entra y quién no, en su cómodo rol de victimarios.

 Estaba cansado pero no podía dormirse.  Había leído todos los libros de su biblioteca y no sabía qué hacer. De pronto, tirado, debajo de la alfombra, ve que se asoma un libro, uno cuya tapa le era desconocida. Lo levanta para ojearlo y lo desempolva. Por suerte, nunca había tenido la oportunidad de leer “La Metamorfosis” de Kafka, así que comenzó. Cuando se dio cuenta, eran las cuatro de la mañana y no lo había terminado aún. No podía parar, la sensación de un vacío lo carcomía por dentro. Al fin, logró su cometido y lentamente cerro el libro. Afortunadamente, la mesita de luz estaba a mano, apoyo con cuidado el libro y agarro una hoja y una lapicera. Poco a poco, comenzaba el amanecer, de todas formas, si algo realmente no me apremiaba, era el tiempo.  
Long, Ramiro 

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