El viento soplaba en las calles de Japón. El olor a Sashimi* que provenía de calles más abajo inundaba el aire. Akira estaba sentada contra el muro de su escuela en la ciudad de Kōbe. Se suponía que su hermano Satoshi pasaría a buscarla luego de las clases, luego irían, con su madre, a casa de su abuela ya que esta era la más cercana al búnker general.
Había pasado una hora cuando decidió que su hermano no llegaría y decidió partir hacia su casa, seguramente se encontraría con Satoshi en el camino.
Este día era uno de los ansiados “Días Claros”, llamados así por los habitantes de Kōbe. Eran “claros” porque raramente en varias semanas el cielo podía verse con claridad. No había rastros de humo en el cielo ni de polvo en las calles y no se escuchaba ni una voz.
Había recorrido 6 cuadras cuando escuchó la primer bomba. Resonó en sus oídos sin piedad hasta aturdirla, luego cayó al piso de dolor. Definitivamente había caído muy cerca, a unas 10 o 15 cuadras seguramente. Levantó los ojos en dirección hacia donde creía, había caído la bomba. Vio cientos de personas que escapaban de sus casas y a toda velocidad descendían por las calles en dirección al búnker. Cuando logró ponerse en pie y recobrar la audición notó que la ciudad explotaba en gritos, nubes oscuras y enormes cubrían el cielo y su corazón casi se detuvo al ver que el humo y los gritos provenían de un hospital muy cercano a su casa. No había rastros de un Día Claro.
Enseguida supo que lo más coherente sería correr hacia el búnker y allí refugiarse, pero solo la idea de que su hermano se encontrara solo y con miedo, la paralizó y sin dudarlo siguió corriendo hacia su casa. Mientras corría debía esquivar escombros que cubrían el piso y el aire se sentía cada vez más pesado a medida que se acercaba hacia el hospital. Detrás suyo escuchó la segunda bomba.
Si la anterior fue mala, esta fue terrible. Supuso que habría caído a unas 4 cuadras de distancia. Sintió el piso vibrar a sus pies y el sonido fue mil veces más ensordecedor, escombros volaban a su alrededor, gritos desgarradores resonaban en sus oídos, en un segundo se encontró tirada en el piso, con el brazo sangrando, un fierro la había cortado. Siguió corriendo sin dudarlo, su mochila le pesaba toneladas, pero no podía dejarla. Llegó a una esquina que por más que la recorriera cada día, no podía reconocerla, los destrozos eran de tal magnitud que no la distinguía. “¡Satoshi!”, gritó con todas sus fuerzas pero nadie contesto, “¡SATOSHI!” gritó una segunda vez. Y esta vez pudo distinguir una frágil voz por debajo de los gritos a su alrededor. Era tan débil que no podía distinguir de dónde provenía. “¡SATOSHI!” gritó, y escuchó a su hermano llamarla, su voz sonaba tan triste que se hubiera inundado en un mar de lágrimas si eso no la hubiera hecho ver como una niña pequeña frente a su hermano.
Satoshi estaba sepultado bajo una pila de escombros, casi una pared completa estaba sobre él, lo único que impedía que esta lo aplastara era una viga que la sostenía, pero también atrapaba su pierna sin dejarlo salir.
-¡Satoshi! ¡Satoshi! Tenemos que salir, tenemos que irnos al búnker. ¡Mamá! ¿¡Dónde está mamá!?
-Ya debe estar allí, le dije que se adelantara. Insistí en ir a buscarte.
Akira intentó mover con todas sus fuerzas la viga, pero era imposible hacerlo de una forma que no le destruyera la pierna a su hermano. Otra bomba cayó, pero esta vez más lejos. Akira ni la escuchó, solo pensaba en encontrar una forma de liberar a Satoshi, y ya perdía la esperanza cuando vio una piedra debajo de su pierna. La removió y su hermano pudo soltarse. Se abrazaron y por un momento se olvidaron de las bombas, de los gritos, de la muerte y la destrucción, y solo se abrazaron.
Rápidamente Akira se agachó para quitarse la mochila de la espalda, sacó un par de libros, carpetas y su Bento* vacío y la devolvió a sus hombros.
- ¿Por qué no solo la dejas aquí?- Le preguntó su hermano.
-No puedo.
Juntos siguieron caminando a la mayor velocidad que la pierna de Satoshi podía manejar. Aún se sentía aturdida y sentía que la herida de su brazo ahora cubierta de polvo y mugre latía haciéndola sentir aún peor. Llegaron al búnker y al abrir la escotilla escucharon la última bomba, más cerca que las anteriores y sin poder reaccionar ambos cayeron dentro, cerrando la puertecilla de un golpe.
Pasaron varios minutos hasta que Akira recuperó la conciencia, al despertar vio a su madre recostada a su lado y a su hermano sentado a sus pies.
- Akira. Estás despierta.- Le dijo Satoshi entusiasmado.- Mamá… mamá no está bien. Aún no había llegado al búnker cuando la tercera bomba cayó, aturdida tropezó y se golpeó al caer. Solo estamos esperando.
Y en ese momento Akira no tuvo miedo de verse como una niña pequeña frente a su hermano y se hundió en un mar de lágrimas. Las bombas seguían sonando arriba, acompañándola. Pasaron minutos, horas, días hasta que dejaron de sonar. Para ese entonces la comida ya escaseaba y el espacio en el búnker era cada vez más limitado. Cuando ya habían aceptado la idea de que morirían en ese agujero, la escotilla se abrió. Fuerzas militares japonesas los ayudaron a salir. Y una vez fuera Akira pudo presenciar por última vez como el sol brillaba sobre el hermoso rostro de su madre, era la imagen más preciosa que había visto en toda su vida. Junto con Satoshi se sentaron junto a su madre y la acompañaron en sus últimos minutos, sus caras fueron lo último que ella vio. Cuando paró de respirar, Akira no lloró, en su lugar abrió su mochila y tomo de su interior un pequeño cuadro empolvado en el que se veía una foto de los tres juntos en una vacaciones en China. Dejó el marco sobre el pecho de su madre con lágrimas en los ojos pero sin dejarlas salir.
-Adiós mamá.- Dijo Akira tomando de la mano a su hermano.
-Adios madre.- Repitió Satoshi.
Algunas aclaraciones sobre el idioma:
-Akira es un nombre japonés que significa "Luz, claridad"
- Satoshi significa "valentía, coraje, hábil"
-Sashimi es una comida tradicional japonesa.
-Bento es una comida japonesa para llevar. Vendría a ser la "vianda" que nos llevamos al liceo por ejemplo.
Aurelia: construís una historia sencilla con un acontecimiento terrible al que lográs imprimirle belleza. Pasajes conmovedores y de mucha ternura. Deberías pensar un título y podrías, si tenés ganas, reelaborar un poquito más el discurso: puntuación, gerundios, repeticiones innecesarias. También, el manejo de la tensión y la linealidad pues el final se sabe antes de que suceda y no conmueve como podría.
ResponderEliminarNota: 8