Owen era una persona de hábitos.
Él tenía premeditado cada acto importante del día. Todos los lunes comía lo mismo, todos los martes vestía y comía lo mismo, y así sucesivamente.
Era escritor. Desde niño que lo que más amaba era escribir; inventar historias y pasarlas a papel para luego leerlas y sumergirse en sus mundos creados cuantas veces quisiera.
Amaba tanto leer y leer sus historias, que las tenía a todas, desde la más breve hasta la más extensa, guardadas, alfabéticamente, en un placard.
Lo que quizás más caracterizaba a Owen como escritor, es que él nunca había leído un libro, cuento o historia que no sea suyo. Él creía que leyendo cosas de otros autores, sus ideas iban a dejar de fluir y su inspiración empezaría a disminuir hasta sentir que no podría escribir más.
Owen estaba enamorado. Éste amor lo había acompañando toda su vida. Definía su amor como el amor de un cóndor. Un amor que no cambiaba a pesar de todos los obstáculos que la vida le había puesto.
Él no siempre había sido así, no siempre había tenido esa necesidad de que todo esté estipulado, y controlar todo lo mayor posible. Su vida había cambiado de la noche a la mañana.
Una noche, luego de terminar una página del libro que estaba escribiendo, se fue a dormir y tuvo un sueño.
Soñó que leía un libro de otro autor por primera vez en su vida. Éste extraño acontecimiento generaba en él una sensación extraña de poco valor por sí mismo.
Al sentir que nada de lo que había escrito en su vida valía la pena, decidió darle fin a esa mentira en la que había vivido su vida entera. Owen prendió fuego su placard dejando atrás su pasado, sus ideas y su apreciación por si mismo.
A la mañana siguiente, no recordaba bien qué era lo que había soñado, pero sentía una sensación extraña en su cuerpo. Algo le faltaba. Se había despertado con ganas de leer otro libro. Quería conocer nuevos mundos, leer nuevas perspectivas, quería ver qué era capaz de escribir otra persona. Luego de pasar todo un día en una pequeña biblioteca leyendo, Owen volvió a su casa y urgido por comparar lo que había leído con sus propios trabajos, fue corriendo a su habitación. Pero ya no estaba ahí. Esa sensación de vacío ya no era una sensación, ahora estaba materializada.
Y ese fue el punto final para la vida de Owen.
Manuel Federico.
Manuel: la idea es interesante y original, sin embargo no lográs desarrollarla en una historia potente y conmovedora, porque quedan algunos hilos sueltos que confunden al lector, lo desconciertan, le impiden entrar en el mundo ficcional. El manejo del tiempo no es claro; se afirma "Su vida había cambiado de la noche a la mañana", ¿a partir del sueño?; en el final: "Y ese fue el punto final para la vida de Owen", ¿se muere o muere la vida que había conocido?. Ambas posibilidades son incoherentes. ¿Qué es lo que ya no está en su habitación? ¿A qué o a quién ama Owen? ¿Cómo es el amor de un cóndor?; ¿por qué esta analogía? ¿Te parece creíble que el sueño pueda provocar un cambio tan radical en él?
ResponderEliminarRever uso de tiempos verbales, puntuación, párrafos.
Espero te sientes a reescribir este texto y saques el relato excelente que se esconde en él.
Nota: 5
Profe si usted busca en Google qué caracteriza a un cóndor se responden todas las preguntas que le quedaron sin responder. Me pareció que aclararlo iba a hacer que el cuento perdiera la gracia de tener que entender toda la historia mediante la duda que genera todo eso
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