Estaba a oscuras, encerrado en su habitación, acostado boca arriba sobre su cama. Llevaba un rato despierto, pero todavía no había decidido levantarse. Pensaba. TenÍa una mente muy solitaria, y tan profunda a la vez, que lo mantenía apartado de todo con lo que convivía.
La señora que se encargaba de ordenar su cuarto tocó la puerta. Él se paró, calzó los pies en sus zapatos de cuero, se dirigió a la salida y se retiró sin pretender si quiera mirarla a los ojos. Caminó por los largos pasillos de aquella inmensa mansión que lo llevaban hacia la escalera que conducía el primer piso. Mientras bajaba, escuchó unas cuantas voces que provenían del gran salón principal. Allí se encontraban sus padres en una de esas reuniones que él consideraba puramente comerciales.
Decidió seguir de largo sin darle importancia al asunto. No es que dedicaba tiempo a pensar en como ignorar aquella multitud de pretenciosos, solo lo hacía como siempre, consentrandose en sus asuntos y pensamientos que nadie jamás comorendería. Casi no hablaba, ni escuchaba. Quizás en algunos casos se le ocurria expresar una mirada, que demostraba el mas bajo nivel de importancia que le daba a las cosas.
Un hombre vestido de traje se acercó hacia él saludandolo amablemente. Pero el chico solo se dedicaba a arrojar unas cuantas piedritas a la pared. Irrumpiendo en su natural soledad, se paró a su lado un largo rato, encendió un cigarrillo y lo observó con una mirada pensativa. Luego sacó de su bolsillo un libro y extendió su brazo para entregarselo. Él, soltó algunas piedras que guardaba en su mano y dejó caer la mirada fija en el suelo, durante varios intensos segundos.
Lentamente se torició para observar el libro de reojo, y después un poco mas para dejarselo apoyar en sus manos. El señor decidió retirarse, esta vez sin decir una sola palabra, dejandolo inmovil y desconcertado.
Las gotas de lluvia chocaban contra la ventana de aquel cuarto escondido, alejado en el jardin del castillo, entre una gran cantidad de árboles y arbustos. Solía quedarse allí adentro, solo, cuando sus padres lo necsitaban en alguna ocasión. Observó que la lluvia caía cada vez con mas y mas intensidad. No podría salir hasta que se calmara. Entonces no tuvo mejor idea que sacar el libro y ponerlo sobre la mesa. Abrió su tapa, corrió las primeras hojas, después la siguiente y luego otra mas. Deslizó su dedo sobre el borde derecho de las hojas para observarlas rápidamente. Nada. Estaba vacío, no había palabras, no había dibujos. ¿Cuál era el sentido de todo esto? ¿Por qué habrian de entregarle un libro que no contenía absolutamente nada? Confundido, nubló su mente con este tipo de preguntas. Por alguna razón no había decidio olvidar este asunto. Algo le decía que debia resolver aquel misterio. Los libros no son libros si no tienen vida, aquella que adquieren cuando son escritos. Y las hojas de este libro, a pesar de estar vacías llamaban su atención. Había que darles vida, eso era. Recorrió ese pequeño cuarto en busca de algo para escribir. Encontró una lapicera cubierta de polvo en el piso, bajo un extremo de la mesa.
En la primer hoja anotó sólo su nombre. Y luego se dejó llevar, escribió todas las cosas que siempre se dedicaba a pensar, encerrado en la soledad que lo acompañaba donde estuviera. Había muchas cosas que tenía para decir. Describió lo que veía a su alrededor, lo que recordaba y lo que empezaba a descubrir desde el momento en que abrió el libro. Dejó sus mas profundos sentimientos. Escribió sobre la vida, sobre su vida, dandole vida a aquel libro que se la habia pedido desde un principio, estando totalmente vacío.
Carmen, Julieta: la idea es interesante y necesita más elaboración para lucirse como merece. Predomina el decir sobre el narrar, no hay suspenso ni tensión y las acciones se tornan previsibles y no logran conmover. El narrador habla sobre lo que sucedió o sucede pero no hace que los hechos sucedan. Repensar qué hace que el "cómo" se cuenta sea tan importante como la historia contada. Quizá si cambian la estructura lineal, ayude.
ResponderEliminarEsta publicación pone punto final a la actividad, pero no lo hace con el trabajo de reescritura sobre el texto, ya que, si quieren, hay mucho todavía que puede mejorar. Ojalá tengan las ganas y el entusiasmo, porque a escribir se aprende escribiendo.
Nota: 6