Lo único que tenía en su cabeza era
encontrarla, necesitaba saber quién era, quién
sería ella esta vez. La vio, estaba esperando. Quería
comenzar su disección. Primero observaría minuciosamente las
características superficiales, luego comenzaría a buscar en el
interior las emociones que compartirían, y cuando no quedase nada
más la dejaría encerrada.
Denis
Ibid, ese era su nombre, era exitosa en todos los aspectos, tenía
una
forma admirable de decir las cosas, manejaba las palabras con guantes
de encaje, con elegancia y el tacto suficiente. No necesitaría mucha
imaginación para encarnarla.
Por otra parte, Ruth había conseguido numerosos papeles en obras de
calidad, tenía vocación, incluso en su tiempo
libre disfrutaba leer novelas y experimentar con sus habilidades,
claro que al tener la oportunidad de elegir ella siempre sería la
protagonista (en este caso Denis Ibid era la afortunada). Pero no
había logrado consolidarse como artista y sabía que su suerte no
duraría mucho, ya que se destacaba más por su aspecto joven y
vivaz, que por su talento.
Perpetuar la eternidad del
personaje, de eso se trataba su oficio. Habría tantas Denis como
lumbreras apuntasen a su nombre para despertarla. Ruth no conseguía
conciliar el sueño, así que esa fue en particular una mañana
difícil para Denis Ibid. A las 6 a.m. sin avisar apuntaron luces a
su cara como un balde de agua helada, no tanto como la señora
Guthman con la que mantenía una conversación larga y sin ningún
fin.
Alta sociedad, charlas
puramente éticas, socializar pautadamente, el bien y el mal tienen
una definición grabada en la mente de todos los presentes en ese
salón. Era tan
fácil, en cuanto
más superficiales eran las emociones, más rápido acabaría Ruth
con ella. Lo cerró, un tanto decepcionada. Denis Ibid se paralizó.
Armónico,
eso era demasiado
armónico. El drama llegaría de manera predecible y luego la calma
volvería para un desenlace clásico. Pretendiendo una noche
tranquila, la liberó. Denis estaba distinta, había una chispa en
sus ojos... de seguro algún romance, pensó.
No, miró detenidamente, inclinó su cabeza y revolvió sus ideas.
Denis ya no era Luna, era Sol, y esos eran gránulos
de fuego que se proyectan sobre un fondo más oscuro.
Esto cambiaba
las cosas. Se acercaba un evento importante. Lo que iluminaba era la
ambición. Permanecer ya no era tan interesante, avanzar, llegar a
los extremos, era una propuesta tentadora.
La
fortuna, la fama, la riqueza, ¡La quería!
Sería
allí en la cena organizada por el respetable señor Nokan. Entre el
roce de telas costosas debido a la magnitud de los vestidos, y los
tacones que pronto crearían una atmósfera de caos. El
show estaba por empezar. La
cantidad de personas y de dinero, Denis sabía que ambos números
eran altos. La reconocerían como una mujer inteligente, supo cometer
el robo y simultáneamente sembrar la semilla de la duda, habría
tantos sospechosos que, para cuando encontrasen sus errores, ella
habría vuelto a
viajar.
Si el cómplice es tan
culpable como el efector, Ruth debía ser castigada. Además del
dinero presenció como tomaban parte de su integridad. Sin
escapatoria, vio a la artista encerrada en lo más profundo del
personaje. Aquella mujer mañosa que había logrado que creyera en su
juego estaba conociendo nuevos ojos, mientras ella solo podía
imaginar las paredes más altas a su alrededor. Estaba entre líneas.
¿Qué esperaba de aquel ser etéreo? ¿Que llore por ella? Arruinaría
el papel.
Camila: idea compleja y original para dar cuenta de la consigna propuesta. Lográs decir mucho con poco, manipular delicadamente las palabras y expresar con belleza algunos tramos; otros, necesitan más soltura. Creo que, al comienzo, debe ser clara la diferencia entre ambas mujeres, para que a medida que el relato avanza y se confunden, en que una es "tragada" por la otra, impacte y conmueva al lector. El inicio resulta confuso, obliga a volver más de una vez, no se entiende quién es quién. Ahora está en tus manos y la reescritura es tu elección.
ResponderEliminarMuy buen trabajo.
Nota: 9