viernes, 2 de mayo de 2014

Entre líneas - Camila Centurión


Lo único que tenía en su cabeza era encontrarla, necesitaba saber quién era, quién sería ella esta vez. La vio, estaba esperando. Quería comenzar su disección. Primero observaría minuciosamente las características superficiales, luego comenzaría a buscar en el interior las emociones que compartirían, y cuando no quedase nada más la dejaría encerrada.
Denis Ibid, ese era su nombre, era exitosa en todos los aspectos, tenía una forma admirable de decir las cosas, manejaba las palabras con guantes de encaje, con elegancia y el tacto suficiente. No necesitaría mucha imaginación para encarnarla.
Por otra parte, Ruth había conseguido numerosos papeles en obras de calidad, tenía vocación, incluso en su tiempo libre disfrutaba leer novelas y experimentar con sus habilidades, claro que al tener la oportunidad de elegir ella siempre sería la protagonista (en este caso Denis Ibid era la afortunada). Pero no había logrado consolidarse como artista y sabía que su suerte no duraría mucho, ya que se destacaba más por su aspecto joven y vivaz, que por su talento.
Perpetuar la eternidad del personaje, de eso se trataba su oficio. Habría tantas Denis como lumbreras apuntasen a su nombre para despertarla. Ruth no conseguía conciliar el sueño, así que esa fue en particular una mañana difícil para Denis Ibid. A las 6 a.m. sin avisar apuntaron luces a su cara como un balde de agua helada, no tanto como la señora Guthman con la que mantenía una conversación larga y sin ningún fin.
Alta sociedad, charlas puramente éticas, socializar pautadamente, el bien y el mal tienen una definición grabada en la mente de todos los presentes en ese salón. Era tan fácil, en cuanto más superficiales eran las emociones, más rápido acabaría Ruth con ella. Lo cerró, un tanto decepcionada. Denis Ibid se paralizó.
Armónico, eso era demasiado armónico. El drama llegaría de manera predecible y luego la calma volvería para un desenlace clásico. Pretendiendo una noche tranquila, la liberó. Denis estaba distinta, había una chispa en sus ojos... de seguro algún romance, pensó. No, miró detenidamente, inclinó su cabeza y revolvió sus ideas. Denis ya no era Luna, era Sol, y esos eran gránulos de fuego que se proyectan sobre un fondo más oscuro. Esto cambiaba las cosas. Se acercaba un evento importante. Lo que iluminaba era la ambición. Permanecer ya no era tan interesante, avanzar, llegar a los extremos, era una propuesta tentadora. La fortuna, la fama, la riqueza, ¡La quería!
Sería allí en la cena organizada por el respetable señor Nokan. Entre el roce de telas costosas debido a la magnitud de los vestidos, y los tacones que pronto crearían una atmósfera de caos. El show estaba por empezar. La cantidad de personas y de dinero, Denis sabía que ambos números eran altos. La reconocerían como una mujer inteligente, supo cometer el robo y simultáneamente sembrar la semilla de la duda, habría tantos sospechosos que, para cuando encontrasen sus errores, ella habría vuelto a viajar.
Si el cómplice es tan culpable como el efector, Ruth debía ser castigada. Además del dinero presenció como tomaban parte de su integridad. Sin escapatoria, vio a la artista encerrada en lo más profundo del personaje. Aquella mujer mañosa que había logrado que creyera en su juego estaba conociendo nuevos ojos, mientras ella solo podía imaginar las paredes más altas a su alrededor. Estaba entre líneas. ¿Qué esperaba de aquel ser etéreo? ¿Que llore por ella? Arruinaría el papel.

1 comentario:

  1. Camila: idea compleja y original para dar cuenta de la consigna propuesta. Lográs decir mucho con poco, manipular delicadamente las palabras y expresar con belleza algunos tramos; otros, necesitan más soltura. Creo que, al comienzo, debe ser clara la diferencia entre ambas mujeres, para que a medida que el relato avanza y se confunden, en que una es "tragada" por la otra, impacte y conmueva al lector. El inicio resulta confuso, obliga a volver más de una vez, no se entiende quién es quién. Ahora está en tus manos y la reescritura es tu elección.
    Muy buen trabajo.
    Nota: 9

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